Lejos del circuito turístico del malecón y de los bulevares costeros, las colonias del poniente enfrentan realidades cotidianas marcadas por la deficiencia en el servicio de alumbrado público. Cuando las rachas de viento derriban ramas sobre el cableado aéreo, manzanas enteras quedan a oscuras, multiplicando la incertidumbre de quienes regresan a pie de sus turnos laborales en el puerto o la zona industrial.
Andadores a oscuras y rutas de transporte
En sectores de Pocitos y Rivera, los tramos peatonales que conectan las paradas de autobuses urbanos con las viviendas carecen de lámparas operativas desde hace varias semanas. Los habitantes se han organizado para instalar focos exteriores en sus fachadas, intentando alumbrar banquetas irregulares donde la banqueta desaparece entre terracería y maleza.
Crónica ciudadana sin intermediarios
La labor de los vecinos organizados no se limita a la queja; han elaborado mapas precisos manzana por manzana donde registran postes dañados, cables expuestos por el salitre y luminarias que parpadean. Este esfuerzo busca sustituir las promesas de escritorio por diagnósticos de campo incuestionables.
La demanda central del poniente es transparente: que los recursos para mantenimiento urbano lleguen con la misma celeridad a las periferias residenciales que a las avenidas principales del puerto jarocho.